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Las invasiones brasileñas

agosto 8, 2007

Las invasiones son ocupaciones de terrenos por gente muy pobre que los utiliza para construirse una casa donde vivir y/o cultivar. En Brasil las extensiones de terreno son inmensas pero la tierra está distribuída en grandes latifundios en manos de unos pocos dueños. A veces, esos terrenos son “ocupados” por gente que no tiene nada para vivir o para cultivar.

Hace un par de dias fuí con mi tío a visitar una “invasión” en Marabá. Los terrenos de una gran”fazenda” de una señora que se llama Lucinda habían sido ocupados por miles de personas pobres de la ciudad. Por lo visto, el padre de esta mujer se hizo con una gran extensión de tierra cerca de la ciudad hace unos 50 años. Por aquella época el gobierno permitía a la gente apropiarse de unas 50 hectáreas pero este hombre se apropió de muchas más ilegalmente, otros muchos “facenderos”  hicieron lo mismo por todo Brasil. Muchos de ellos no tienen una escritura que justifique la propiedad de la tierra.

En este caso, no hubo problema hasta que algún espabilado de Marabá se enteró y la voz se corrió como la pólvora. En unos pocos días todos los terrenos de doña Lucinda fueron distribuidos en pequeños lotes de 300 metros cuadrados por la gente más pobre de la ciudad y por algún listillo que se dedica a comprar y vender lotes. La casa de esta señora quedó rodeada por miles de personas pobres de Marabá. Ahora la “pobre” señora está chupando culos por todo Brasilia para que echen a sus molestos vecinos.

Es algo muy habitual en todo Brasil, te recuerda un poco a la ocupación de tierra en el viejo oeste norteamericano. Esto es algo que a un occidental le parece increíble estando acostumbrados a registros de la propiedad, escrituras, etc. Aquí, sin embargo, es bastante normal ya que en muchas zonas de Brasil muy poca gente tiene una escritura de su terreno/vivienda. Esto también ha ocasionado que muchos latifundistas hayan falsificado escrituras para echar a gente pobre de un terreno que les pudiese interesar. Se les llama “grilheros”.

Otras veces echan a la gente de forma legal comprándoles el terreno. Mucha gente pobre del campo, sobretodo en el norte de Brasil, acepta vender su terreno a latifundistas o grandes empresas por una cantidad que les parece una fortuna, para irse a vivir a las grandes ciudades en busca de una vida más cómoda. Pero la realidad de la ciudad es bien distinta, el dinero se esfuma rápido y el hambre y la marginalidad llegan en poco tiempo. Cuando antes comían de lo que producía su tierra, ahora tienen que ir a un supermercado donde sólo se puede comprar con parné.

El rato que estuvimos en la “invasión” de Marabá conversamos con unos cuantos nuevos vecinos de doña Lucinda, siempre dispuestos a hablar amigablemente. Se quedan de 6 de la mañana a 6 de la tarde sentados con un calor infernal vigilando que nadie les quite su pequeña parcela o “lote”. Muchas veces ponen inocentemente en un cartel su nombre, sin apellido, para que quede claro quién es el dueño…Se trata de gente que no tiene formación, ni un chavo y quiere nada más que un pedazo de suelo para que ellos mismos o algún familiar pueda construirse una casa. La construcción es de lo más sencilla, normalmente con tablones de madera.

Cuando una invasión tiene lugar, el latifundista tiene dos opciones para echar a la gente: llamar a un amigo juez, si es que lo tiene, o echarles a tiros. El primer caso es bastante habitual y resulta más “limpio”. La segunda opción, es más rápida pero muere gente. Muchos de estos “fazenderos” tienen pistoleros que protegen sus tierras.

Sin ir más lejos, un par de horas después de irnos de la “invasión”, uno de los “invasores” fue disparado por uno de los pistoleros de doña Lucinda. Al rato de llegar al precario hospital de Marabá murió.

Lo más triste es que la pasividad de la policía y de la justicia que normalmente hacen muy poco contra la gente rica. De hecho, suelen defender sus intereses. Hace unos años la policía mató a 19 invasores pacíficos del Movimiento de los Sin Tierra cerca de Marabá.

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Marabá

agosto 6, 2007

He venido a Marabá a visitar a mi tío Miguel que es un jesuita que lleva aquí viviendo un año, en Brasil lleva desde el año 52 por lo que ya es más brasileño que español.

El municipio está en el estado de Pará, en el nordeste de Brasil, a orillas del río Tocantins. Se trata de una ciudad con escaso interés turístico ya que el interés que en su día tuvo, que era una espesa selva, ha sido ya arrasado por las grandes empresas madereras. La mayor parte de los brasileños no conocen esta ciudad. Lo único que aquí queda es una riqueza mineral inmensa que unas pocas grandes empresas explotan y la miseria de la mayor parte de la pobloción. A pesar de que el estado de Pará donde se encuentra es el segundo más rico de Brasil en producción, aquí esa riqueza no se ve por ninguna parte ya que nada revierte en el pueblo. 

Es un municipio en una extensión de terreno inmensa y de unos 200.000 habitantes. La ciudad no tiene alcantarillado y la porquería de las casas sale directamente a un canalillo que corre con la mierda por los laterales de las calles. Hay un olor constante a rastrojo quemado por la gente que prepara la tierra para construir su casa o para cultivar. Ahora que es época seca y no llueve hay mucho polvo que se mete en todas partes.

 Otra cosa que llama la atención de Marabá es el volumen de la música. Por todos lados hay bares con megaaltavoces y música a un volumen que no permite conversación alguna. Normalmente se trata de una música de la zona tremendamente pastelosa llamada pagodé que solamente habla de amor (lo poco que puedo entender) y cantan normalmente dos vaqueros macarras. Si no son los bares los que la tienen puesta son coches o furgonetas cargados de altavoces. 

La primera impresión que da es de una ciudad de nueva creación, de hecho tiene menos de cien años, donde el terreno se ha ido poblando como si fuese el oeste norteamericano en su día. Las construcciones son de mala calidad y en ningún momento ves una edificación de más de 2 plantas.

En resumen, para un turista es una ciudad sin muchos atractivos, sobretodo después de los sitios en los que he estado. Pero tras un par de días en Marabá descubrí que su principal atractivo es la gente:

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Los equipos de sonido vale normalmente mucho más que los coches donde se instalan:

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