Manaus y el oro blanco

Estoy en Manaus, capital del estado de Amazonas. Es una ciudad grande, de unos 2 millones de habitantes, situada en medio de la amazonia, donde confluyen el enorme río Negro con el Amazonas (Solimões hasta Manaus para los brasileños). Manaus era el nombre de los indios que vivían aquí antes de que llegasen los portugueses y se los cepillasen.

La ciudad en sí tiene bastante poco que ver y que hacer. Sin embargo, su corta historia a mí me pareció apasionante.

La ciudad fue fundada en el s.XVII pero probablemente se hubiese mantenido como una ciudad pequeña si un americano llamado Charles Goodyear no desarrollase el proceso de vulcanización que endurecía el caucho, y un irlandés que se llamaba John Dunlop no hubiese patentado el neumático con dicho material. Es curioso como algo tan lejano puede afectar a la vida de tanta gente. La historia del caucho en Manaus es una historia maldita.

Al generalizarse el neumático de caucho en todo el mundo la demanda se disparó y por tanto los precios del caucho subieron por las nubes. Los llamados barones, coroneles o “seringalistas”, eran los propietarios de las explotaciones de árboles de caucho. A finales del s.XIX ya estaba abolida la esclavitud en Brasil pero los barones desarrollaron un sistema de semiesclavitud para asegurarse mano de obra barata en sus explotaciones. Muchos trabajadores de las grandes explotaciones de café y caña de azúcar del nordeste querían venir al Amazonas para conseguir un buen dinero trabajando el caucho para después volver a su tierra. Ésto último nunca se producía. Los barones les traían con la promesa de trabajo y comida. Les pagaban el viaje, comida y herramientas de trabajo de forma que ya, los trabajadores o “seringueiros”, contraían una deuda con el barón que por mucho que trabajasen nunca iban a saldar.

El trabajo del “seringueiro” era mucho más duro que el de un esclavo en una plantación de azúcar o café. Estaban sólos, perdidos por la selva y tenían que conseguir llenar 200 tarros de unos 100 ml de savia de caucho cada uno, todas las noches. Por la mañana, tenían que transformar la savia de caucho en “borracha”, es decir, en un fardo de unos 50 kgs de látex a base de ahumar la savia. Si el barón veía que el “seringuiero” tenía posibilidades de saldar su deuda, le ofrecía mujeres para mándarselas a su zona de trabajo, algo que difícilmente podían rechazar ya que estaban largas temporadas sin ver a una sola mujer. Esto hacía aumentar ampliamente su deuda. Normalmente, estas mujeres eran indias y estos contactos con “seringueiros” blancos del nordeste, dió como origen la raza más común de toda esta región que es el caboclo.

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Todas las explotaciones tenían una “tienda” donde el trabajador podía abastecerse de herramientas y víveres. Cuanto más comiese y mejores fuesen sus herramientas, mayor sería la deuda contraída con el barón, que muchas veces manipulaba la contabilidad a su favor. Aquí podemos ver un pobre “serigueiro” en la tienda con la linterna de gas que utilizaban para trabajar de noche:

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Si el seringueiro trabajaba duro y rechazaba mujeres y bebida podía conseguir saldar su deuda y marcharse a su tierra. Pero en la mayoría de los casos, los barones contrataban pistoleros que les asaltaban en la primera curva del río y les quitaban todo, con la consiguiente vuelta al trabajo.

El pobre “seringueiro” sólo tenía 2 opciones: trabajar duro o morir. Ésto último es lo que ocurría en la mayoría de los casos. Se calcula que unos 50.000 murieron entre 1.880 y 1.915 en la selva a causa de la malaria, los ataques de indios o de animales, o el hambre.

Por su parte, el barón conseguía pingües beneficios ya que la producción era conseguida con muy bajos costes y vendida después en los mercados europeos muy cara. Eran los nuevos ricos de Manaus. Traían todo lo mejor de Europa: coches, electrodomésticos, ropa de las mejores boutiques de París, cristalería, piedras preciosas…Los pocos edificios históricos que se conservan en Manaus son de aquella época. Destaca el Teatro Amazonas, un pastiche de estilos europeos y hecho con materiales europeos. Lo único que tiene brasileño es la madera del mobiliario, pero fue tallada también en talleres europeos. La entrada del teatro estaba hecha de caucho para que los carruajes no hiciesen ruido al llegar tarde. Los barones y sus mujeres envían sus ropas a lavar y a planchar a europa porque decían que el agua del río se la estropeaba. La ropa tardaba 3 meses en volver limpia…

Todo acabó cuando un inglés consiguió llevarse unas semillas del árbol del caucho a Inglaterra. Allí fueron plantadas para ser llevadas después a plantaciones en Malasia. Cuando estas plantaciones empezaron a dar sus frutos los brasileños habían perdido el monopolio del caucho y los precios se desplomaron.

En 1.920 los barones “seringalistas” estaban arruinados y muchos de ellos se suicidaron, terminaron locos o marginados de la sociedad pidiendo limosna por las calles de Manaus. A partir de entonces, la ciudad entró en una larga decadencia hasta la II Guerra Mundial durante la que los precios volvieron a aumentar ya que Malasia fue ocupada por Japón. Después de la guerra, crisis otra vez hasta los años 70 del siglo pasado que el gobierno brasileño estableció una zona franca de libre comercio para revitalizar la economía. Muchas empresas vinieron aquí atraídas por los altos beneficios fiscales. Gran parte de los aparatos electrónicos y motocicletas que se utilizan en Brasil son fabricados aquí. Desgraciadamente para la gente de aquí la mayor parte de los componentes son importados y los trabajadores más cualificados son extranjeros, por lo que poco de ese dinero se queda aquí y eso es patente al darse un paseo por aquí donde se ve mucha pobreza.

Toda esta historia la aprendí de una señora muy amable que regenta el museo del caucho a una media hora en barco desde Manaus. Nos explicó todo, desde como se vivía en la explotación de caucho hasta el proceso de extracción de la “seringa” y de elaboración de la “borracha”.

Llama la atención lo sucio que es Manaus. Según me han explicado esto se debe a la herencia india. Los indios no están muy acostumbrados a la civlización y tiran al suelo cuanto consumen. Cuando vivían en la selva no había ningún problema en tirar al suelo cualquier cosa porque todo era biodegradable.

Por lo que a la selva de los alrededores se refiere, la mayor parte fue devastada hace unos cuantos años por lo que no hay mucho que ver. Desde hace unos 20 años están más protegida por lo que ha crecido un “matto” nuevo. Pero quedan pocos árboles guesos de los que se encuentran en la selva virgen y que permiten caminar fácilmente en su interior. Para encontrar esa selva virgen hay que navegar por el Amazonas o Solimões unos cuantos días hacia el oeste, lo que requiere otro viaje exclusivamente al interior del Amazonas.

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Una respuesta to “Manaus y el oro blanco”

  1. carlos mario ramirez Says:

    GRACIAS POR CONTARNOS ESTA HISTORIA TAN INTERESANTE, QUISIERA PREGUNTAR CON TAN GRANDE EXPLOTACION QUE HUBO DE CAUCHO EN ESA EPOCA Y COMO PIONEROS DE ESA INDUSTRIA, ACTUALMENTE QUE AMBIENTE HAY EN LA EXPLOTACION DEL CAUHO EN MANAUS , CONTINUARON COMPITIENDO AHORA CON MALASIA O DEFINITIVAMENTE A DECAIDO . GRACIAS POR SUS RESPUESTAS SOY UN CULTIVADOR DE CAUCHO EN COLOMBIA

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